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miércoles, 16 de mayo de 2018

Mira lo que has hecho (Temporada 1) - Berto Romero

Mira lo que has hecho es la primera ficción de Movistar+ de la que veo más de un capítulo. No creo que sea mejor que La peste o La zona, pero el formato de seis episodios de 25 minutos la hace, sin duda, mucho más digerible.


© Movistar+
Se trata de una comedia de Berto Romero sobre la aventura de ser padre. Berto (Berto Romero) y Sandra (Eva Ugarte) acaban de tener un hijo, Lucas, y ahora les toca aprender a convivir con los llantos, los gritos, las cacas y las noches en vela mientras intentan seguir con sus carreras profesionales: él como exitoso humorista y ella como anestesista.

El producto es gamberrete y sencillo. En Mira lo que has hecho parecen tener claro el camino que quieren seguir y los capítulos vuelan de un chiste (a menudo de discutible gusto o finura) a otro guiados por un argumento ligero que no tiene demasiadas complicaciones ni una gran profundidad.

La serie tarda unos cuantos episodios en conseguir su mejor nivel, que para mí alcanza puntualmente en Guardipapis, el tercer episodio, y, sobre todo, en Hotfire y Papá, el cuarto y el sexto. Entre medias tenemos horas más bajas, pero nunca tanto como en Seguimos vivos, donde de algún modo se intenta hacer humor con una escena muy perturbadora. No es solo que lo mostrado, en mi opinión, no tenga gracia; sino que la reacción de los personajes a los hechos es aterradora. Una semana después vi la película Aniquilación, de Netflix, y me pareció mucho menos terrorífica.



En resumen, Mira lo que has hecho es un producto breve y simpático con algún momento ocasional hilarante y unas cuantas horas bajas. Se ve con comodidad, fácilmente en dos sentadas y, en general, es satisfactoria. Movistar+ ya ha confirmado una segunda temporada a estrenar en 2019. A ver qué tal le va.

viernes, 11 de mayo de 2018

Pillars of Eternity - Obsidian


Pillars of Eternity se lanzó tras un exitoso Kickstarter y acabó arañando unas cuantas nominaciones a juego del año, llegando a arrebatar algún premio a juegos de la talla de The Witcher 3 y Fallout 4.

Templo de Skaen.
Todas las imágenes están extraídas de la web de Obsidian.
Mecánicamente es heredero directo de clásicos como Baldur’s Gate o Icewind Dale: el jugador lleva un grupo de hasta seis personajes, tiene un sistema de combate con pausas y todo se ve en perspectiva isométrica.

El juego es largo (es fácil irse a 50 horas o más), desborda trasfondo y tiene unos cuantos personajes muy bien diseñados. En la piel de un Observador, un hombre que puede ver fragmentos de vidas pasadas, recorremos una región de un mundo llamado Eora y conocemos a sus nobles, sus magos, científicos y religiosos, mientras decidimos el tipo de interacciones que queremos tener con casi todo. Esa toma de decisiones y el combate táctico por turnos son, probablemente, los dos puntos más fuertes del juego; aunque algún elemento como la gestión de la fortaleza de Od Nua, de la que nos hacemos señores, también está muy bien atado. Hay juegos con muchos más medios que podrían tomar buena nota de esto último.

Fortaleza de Raedric.
Todas las imágenes están extraídas de la web de Obsidian.

No obstante, Pillars of Eternity también tiene unos cuantos problemas. La historia principal es interesante a pesar de lo tópica que resulta; pero gran parte de las secundarias son un relleno sin carisma ni garra; poco más que una excusa para arañar PX extra en los que apoyarse en el viaje. Además, la lectura de los fragmentos de vidas pasadas resulta muy pesada casi en todo momento. Muchos personajes a los que podemos «observar» están todos juntos y tienen pasajes bastante largos para leer, por lo que es fácil empezar a saltarse textos… un camino que cuesta abandonar después y que cualquier juego de este estilo debería evitar.

La experiencia de juego es un poco agridulce, porque es cierto que recoge el testigo de un subgénero de los videojuegos de rol y lo porta con orgullo y solvencia, pero al mismo tiempo tampoco parece hacerlo suyo, como si hubiese poco que aportar a las soluciones de los clásicos. Esto, unido al exceso de textos algo impersonales, de subtramas que dan la impresión de relleno (aunque algunas de ellas se tienen en cuenta en el epílogo), empaña el buen trabajo de desafío de los combates, de ciertas subtramas como la de Aloth y la de la efectiva y entretenida trama principal.

Dragón celeste.
Todas las imágenes están extraídas de la web de Obsidian.

Pillars of Eternity es bueno, sin duda; pero, tristemente, parece a punto de ser estupendo. Si pulen eso en su segunda entrega puede ser un título a tener muy en cuenta.


miércoles, 9 de mayo de 2018

Merlí (Temporada 1) - Héctor Lozano


Merlí, una serie de la TV3, obtuvo rápido una buena reputación, destacando mucho y ruidosamente entre las series de producción nacional.


Merlí (magnífico Francesc Orella) es un profesor de filosofía con ganas y energía que no se limita a soltar su chapa y recitar apuntes o pasar diapositivas. Disfruta dando la clase y quiere que sus alumnos la aprovechen, que piensen por sí mismos y mejoren. El problema es que, pese a que pueda ser un profesor estupendo, Merlí es un chulo y usa su lengua como implacable látigo contra todo cuanto considere equivocado, inaceptable o incompetente… sobre todo contra el jefe de estudios del instituto en el que acaba de empezar a trabajar.

Merlí juega con esas dos caras del protagonista. Dentro del aula es un héroe malhablado, para todos salvo para un par de alumnos, uno de los cuales es su hijo. Fuera de ella es una persona descarada entregada al placer, ya sea al que obtiene de las mujeres a las que seduce (de forma algo desagradable y hostil, en mi opinión) o al que surge de poner en evidencia al jefe de estudios.

A través de esta bivalencia, los textos de Héctor Lozano producen tramas muy variadas que dejan al protagonista en roles bastante diferenciados. El protagonista puede ser divertido y entrañable en el aula, pero fuera de ella llega a ser cargante en su chulería; el típico protagonista sobradete que se mola demasiado y amenaza con volverse insufrible. Aunque seguro que desata el fervor de una parte importante de los espectadores. Si adorabais a Don Draper y a Walter White, es probable que os encante ese Merlí. Dice nit en vez de night, y foder en vez de fuck, pero en el fondo son hermanos actitudinales del mismo ser.

¿No oís los engranajes de la cabeza de Gerard chirriando cuando procesa algo?

En general nos encontramos ante una buena serie algo empañada por unas cuantas subtramas un poco chapuceras, repetitivas y difíciles de creer, como la que relaciona al protagonista con Laia o con Iván… o con la madre de Iván. En cualquier caso, exprimen a fondo sus aciertos, explotan en su justa medida y con un sentido claro muchos temas de acoso y bullying en las aulas y crean unos personajes divertidos y con encanto más allá del propio Merlí, como Pol (Carlos Cuevas), Gerard (Marcos Franz), Mónica (Júlia Creus), Tània (Elisabet Casanovas), Gina (Marta Marco) o Carmina Calduch (Anna Maria Barbany). El resultado es muy agradable de maratonear.

Pese a sus problemas, que quizá se pulan en las temporadas siguientes, la recomiendo sin vacilar.


jueves, 26 de abril de 2018

La llegada - Denis Villeneuve


La llegada es una de esas escasas películas de ciencia ficción que parece que consiguen convencer a fans y detractores del género. Se trata de un relato de primer contacto entre humanos y alienígenas movido por la complejidad de la comunicación en lugar de por el enfrentamiento agresivo, bajo la eficaz mirada de un satisfactorio Villeneuve.

© 2016 Paramount Pictures, vía IMDb

El contacto
Doce naves alienígenas con forma de lentilla negra de 400 metros de altura se posan en diferentes lugares de nuestro planeta. El ejército de EUA pide ayuda a Louise Banks (Amy Adams), una lingüista que ya colaboró con ellos anteriormente, para que averigüe con qué intenciones han venido los visitantes. Tarea en la que será apoyada por Ian Donnelly (Jeremy Renner), físico teórico.

Las presiones políticas hacen que los militares requieran resultados rápidos, lo que conduce la presión a Banks y Donnelly: la comunicación será veloz o no será. Encima, las discrepancias sobre la estrategia a seguir mantienen los ánimos muy tensos y la operación parece a un pequeño paso de empezar a lanzar misiles.
De lentillas y actrices gigantes
La llegada es una película que entra por los ojos y lo hace con éxito. Como pudimos apreciar con la magnífica Prisioneros, Villeneuve tiene maña con la presentación visual. En esta ocasión vuelve a evidenciarlo en escenas como la primera del túnel en el interior de la nave alienígena o con el primer contacto con Abbott y Costello, los alienígenas.


Entre unas cuantas reflexiones lingüísticas y científicas entre superficiales y fantasiosas, y un discurso político facilón, tosco e infantilizado, La llegada ofrece muchas cosas buenas: una tensión constante, una buena puesta en escena con un cuidado diseño, una estupenda banda sonora a cargo del islandés Jóhan Jóhansson, llena de sonidos entre orgánicos y mecánicos, y una actuación excelente de Amy Adams.
El primer y el tercer acto
¡¡AVISO!! Esta sección contiene spoilers.

Como tardé una eternidad en ver la película, tenía muy claro que en en su resolución sucedía algo que a mucha gente le parecía pillado por los pelos, algo que describían como «tramposo y cutre». Además, la idea inicial de la comunicación entre especies de mundos distintos me parecía inviable. En cualquier caso, fui con buen ánimo: acepté la premisa porque sí, que es lo que hay que hacer con las premisas, y me dispuse a disfrutar del espectáculo.

¡Qué sencillo es y qué gran efecto consigue el túnel!
Photo credit: Jan Thijs - © 2016 PARAMOUNT PICTURES. ALL RIGHTS RESERVED. Vía IMDb

Lo cierto es, una vez que se acepta la base de la narración (que la comunicación es posible y, de hecho, es rápida), La llegada es un pasatiempo estupendo. La historia es atractiva, la protagonista tiene mucha fuerza y encuentran tiempo para colar unas cuantas cosas interesantes, como la hipótesis de Sapir-Worf, que sugiere que la lengua determina cómo piensa (cómo puede pensar, de hecho) el hablante. Esto último condiciona la interpretación de la película y sustenta ese giro del tercer acto que tanto desagrada a una parte del público. La lengua de los heptápodos tiene una versión escrita en la que un chorro de tinta forma un círculo con una serie de patrones que se extienden hacia el interior o el exterior. Cada una de esas formas tiene un significado, pero la figura se construye toda a la vez, sin un principio y un fin claros. Nosotros escribimos de izquierda a derecha y asumimos un principio del enunciado y un final; pero ellos, no.

En cuanto nos indican esto, y dado que se ha hecho un esfuerzo por explicar lo de Sapir-Whorf, disponemos de todas las herramientas necesarias para entender qué está pasando y cómo se atan esas pequeñas incoherencias temporales. La llegada está contada de forma no lineal, de un modo en el que lo aún no sucedido influye en lo que se está contando. Louise, entendiendo de verdad esa lengua, cambia su forma de procesar la realidad y le permite apreciar el tiempo como aprecia las dimensiones espacio, sin la restricción del momento presente.

Carácter alienígena.

¿Por qué tiene imágenes de su hija desde el principio de la película? No queda muy claro cuál es el motivo: podría ser parte de la exposición no lineal de la línea temporal con que el guión quiere situarnos en la visión heptápoda del tiempo; puede que Louise recuerde todo desde un momento en que ya tiene esas visiones; o puede que sea un mero ejercicio de despiste con el que mantener el misterio hasta que se formaliza la explicación y se atan todos los cabos. Sea como sea, tanto esto como la discutible viabilidad del plan son solo detalles en el, en general, satisfactorio desarrollo de La llegada.
Conclusión
La llegada es una película entretenida, que se ve con gusto y deja unas cuantas reflexiones interesantes que, si despiertan nuestro interés, pueden despertar nuestras ganas de saber algo más. Parte de una premisa demasiado fantástica y lleva a ese terreno la hipótesis de Sapir-Whorf, pero lo razona para justificar su desarrollo y transmite buenas sensaciones: la narración funciona y, pese a sus peros, se ve coherente. No creo que sea la inmaculada joya que le parece a muchos, pero es un filme competente y recomendable.

lunes, 16 de abril de 2018

Sobre Anillos, Brujos y Fundaciones

Mientras HBO acaba «Juego de tronos», Amazon se ha puesto con «El señor de los anillos», Netflix con «Geralt de Rivia» y Apple con «Fundación». Son proyectos que me podrían haberme sonado increíblemente tentadores, pero no acaba de gustarme la forma en que los están concibiendo.


A HBO le quedan por estrenar solo seis episodios de su adaptación de «Canción de Hielo y Fuego». El producto ha sido tan abrumadoramente exitoso y, en general, bien considerado, que los grandes contendientes de la cadena están moviendo a toda prisa sus fichas para recoger el testigo de esa enorme masa de espectadores y sus premios técnicos.
El señor de los anillos
El intento más evidente por seguir la misma línea es el de Amazon. Los de Bezos, que llegaron con todo aquel rollo de que querían producir series de calidad que no tuviesen cabida en otras cadenas (como la temáticamente atrevida «Transparent» o «Mozart in the Jungle», la alegre comedia sobre el mundo de las orquestas sinfónicas), han decidido que no, que les da igual todo, que ni ser diferentes ni leches. Para adquirir la licencia de «El señor de los anillos» se dejaron 250 milloncejos y ahora han anunciado que para producir sus 5 temporadas de 10 episodios de 60 minutos se dejarán otros 1000. Mil. Casi el doble por temporada de lo que se está dejando «Juego de tronos» en sus últimas entregas. Casi nada.


¿Qué me huele mal de este proyecto? El violento viraje de la producción seriada de Amazon, el sacrificio ritual de un buen puñado de series para allanar el terreno (presupuestario) a este coloso monetariamente insaciable… y el hecho de que la historia principal ya ha sido adaptada con éxito hace no mucho. Dicen que la serie será una precuela de los acontecimientos de las novelas, pero no se sabe nada más. El universo de Tolkien es muy potente, pero las películas de Peter Jackson están demasiado recientes. Mi mayor interés es ver qué son capaces de hacer con ese descomunal presupuesto. No es una gran razón para acercarse a la serie… pero es la que tengo.
The Witcher
Por otra parte tenemos a Netflix con «Geralt de Rivia», otro universo potente que, además, cuenta con la ventaja de no tener una adaptación cinematográfica o televisiva exitosa internacionalmente (porque en cuanto al mundo del videojuego es evidente que sí la tiene).


¿Qué provoca mi desconfianza? Que la serie está en manos de Lauren Schmidt, quien es verdad que escribió unos cuantos episodios de «El ala oeste», pero que últimamente se ha dedicado a «Daredevil» y «The Defenders». Sé que al menos la primera de estas series ha gustado a mucha gente, pero a mí su parte heroica me pareció una chapuza. Me interesaba la historia de abogados y algún momento ocasional de otras pequeñas subtramas, pero la forma de guiar la historia principal entre pelea y pelea me pareció cutre y mecanicista. Justo lo que más querría evitar en una serie sobre el brujo. En cualquier caso, este es el proyecto que menos me escama de los tres, el que más adaptable me parece y el que recibiré con más optimismo.
Fundación
Y por último tenemos el proyecto de los de la manzana: Fundación. Jonathan Nolan intentó vender hace años el proyecto a HBO sin éxito, aunque acabó trabajando para ellos al frente de «Westworld». Ahora David S. Goyer, colaborador habitual de los Nolan y marca blanca de Jonathan, parece que ha conseguido llevar adelante el proyecto en Apple.


¿Qué me escama? Sobre «Fundación» me escaman dos cosas. La primera es que Apple aún no ha producido nada y no tengo ni idea de cuál va a ser su política; la segunda es el currículum televisivo de David S. Goyer. Si echamos un vistazo nos encontramos con la escritura de unos cuantos episodios de «Krypton», y una lista de creaciones para echarse a temblar: la bastante mala «Constantine», la ridícula «Da Vinci’s Demons» y también «Flashforward», cuya desesperación por llenar el vacío de «Perdidos» resultaba insufrible. También trabajó en la trilogía del Batman de Christopher Nolan y escribió el guión de «Blade»; pero su trabajo en series es, como poco, descorazonador. Y «Fundación», encima, quizá sea el proyecto más difícil de adaptar de los tres.

Veremos en qué quedan estos proyectos. 

jueves, 12 de abril de 2018

Peter Pan - James M. Barrie


Conocía la historia de Peter Pan, supongo que como muchos de vosotros, por la adaptación cinematográfica de 1953. Muchos tienen esa película como uno de los grandes Clásicos Disney, pero la verdad es que nunca entré en su juego. Siempre hubo algo que me echaba inexorablemente atrás… y no era solo la aterradora idea de querer ser un niño para siempre. No fue hasta la lectura de la obra de Barrie cuando me di cuenta del problema que le veía.


Bienvenidos a Nunca Jamás
Wendy, John y Michael son los hijos del matrimonio Darling. Se portan bien y les encantan los cuentos que cada noche les relata Wendy, la hermana mayor, que están protagonizados por un chico llamado Peter Pan que vive en Nunca Jamás, una isla en la que habitan piratas, indios, hadas y sirenas. Lo que no saben es que Peter Pan y su compañera hada, Campanilla, van cada noche a oír esos cuentos.

Peter, Wendy y la sombra rebelde.
© 1953 - Walt Disney Studios. All rights reserved.

Pero un día Wendy encuentra la sombra perdida de Peter Pan, que se ha quedado atrapada en la ventana. Esa noche lo espera para devolvérsela y se la acaba cosiendo a los pies. Estos misteriosos talentos llevan a Peter a decidir que Wendy debe convertirse en madre de los Niños Perdidos y de sí mismo. Así, los tres hermanos Darling acompañan volando, gracias al polvo de hada, a Peter Pan hasta la tierra de Nunca Jamás, donde vivirán increíbles aventuras y tendrán que enfrentarse al temible capitán Garfio, un pirata obsesionado con la buena educación.
El mágico tono de cuento
Bajo mi punto de vista, uno de los puntos fuertes de Peter Pan es el tono en el que está contado. El narrador es poco neutral, adelanta cosas, juzga a los personajes y opina sobre todo lo que pasa. ¡Opina incluso sobre los lectores! Barrie rompe la cuarta pared y aprovecha esto para dar más volumen a la lectura metiéndose de forma muy graciosa con esos niños desagradecidos.

Campanilla.
© 1953 - Walt Disney Studios. All rights reserved.

En el Nunca Jamás de Peter Pan se respira la magia: las hadas que hablan con tintineos y son tan pequeñas que solo pueden tener un sentimiento a la vez, el silencio de los indios y su enemistad jurada con los piratas, las entradas individualizadas al refugio de los Niños Perdidos, la obsesión por no crecer de Peter Pan y la forma tan engreída en que deforma la realidad para creerse el héroe que resuelve todas las situaciones independientemente de quien lo haya hecho en realidad… Peter Pan es una narración que desborda carisma en cada una de sus páginas y que es capaz de sacar una sonrisa incluso ante la previsión de que los Niños Perdidos y los piratas se maten unos a otros a cuchillazos.
El monstruo egocéntrico
James Garfio es un pirata egocéntrico obsesionado con las buenas maneras, producto de su paso por el prestigioso colegio Eton; un hombre despiadado y sanguinario, seguido por su tripulación debido a su maligna astucia. Pero en este apartado, como anunciábamos antes, vamos a hablar del monstruo egocéntrico; es decir, de Peter Pan.

El joven Pan no es solo un carismático y encantador secuestrador de niños, lo que enerva a los padres pero alegra a los pequeños; aparte es un engreído insoportable que se adjudica los logros de quienes están con él, pone a sus amigos (si es que un ser tan egocéntrico y narcisista puede tener verdaderos amigos) en peligro y se olvida de ellos. Para Peter Pan solo existe aquello que tiene al lado y, si me apuráis, solo existe él mismo. Tiene ese egoísmo desmedido de los niños más pequeños, que aún no son capaces de entender las necesidades de quienes los rodean; pero en el cuerpo de un ya no tan pequeño niño volador de 10 o 12 años.

J. M. Barrie haciendo de Capitán Garfio y Michael Llewelyn Davies, el hijo de unos amigos, de Peter Pan. La relación del autor con los miembros de esta familia daría para otra entrada, pero aquí os dejo con lo que dice la Wikipedia al respecto.

Esta actitud se pone de manifiesto en toda la obra pero se vuelve sangrante en sus últimas páginas, cuando Peter se ve incapaz de distinguir a una persona de otra… o, ya puestos, a una hada de otra. El desapego con el que se expresa es terrorífico. Lógico y consecuente, pero terrorífico. Fue entonces cuando me di cuenta de que ese era el desarrollo pleno del personaje y que su dulcificación era lo que me chirriaba en la clásica película de animación. Disney, en su intento de conseguir un personaje más amable, olvida ese extremismo que eleva al Peter Pan original y lo deja un poco en tierra de nadie: más dulce, más amable, más humano, más redimido… pero, al mismo tiempo, más gris. Las hadas solo pueden tener un sentimiento a la vez y Peter solo puede ser un chiquillo pagado de sí mismo, hasta el punto de ignorar y confundir a quienes lo rodean. Peter, el monstruo egocéntrico, es, en esa despiadada sencillez, casi tan hada como persona. Eso es lo que lo hace mágico, lo que lo hace terrible y maravilloso a un tiempo.
Conclusión
Peter Pan es una novela ágil, entretenidísima, está poblada por personajes potentes con dinámicas muy divertidas y derrocha estilo. Es un texto impresionante. Ejemplar.

jueves, 5 de abril de 2018

Aniquilación - Alex Garland



El 12 de marzo Netflix estrenó en su plataforma esta película de Alex Garland, quien con Ex Machina, su opera prima, ganó un Oscar a mejores efectos visuales y fue nominado a mejor guión original. Aniquilación no lo tuvo tan fácil como su predecesora y se encontró con que no iba a tener distribución internacional… y ahí entró Netflix para alegría de muchos y desprecio de algunos.
The shimmer
Lena (Natalie Portman) recibe, por sorpresa, el regreso de su marido, Kane (Oscar Issaac), un militar desaparecido en una operación secreta un año antes. Ya mientras cenan ve que las cosas no van bien. Kane tiene la memoria muy borrosa y de pronto empieza a ahogarse en su propia sangre. De camino al hospital tres vehículos bloquean el paso de la ambulancia en una alocada maniobra.

Who you gonna call? Girl scientists!

La misión secreta no fue en Afganistán o en Irak, sino que se desarrolló en los propios Estados Unidos, en un área rodeada por una pared intangible de un nacarado brillo jabonoso («the shimmer») que se expande de forma lenta pero imparable. Esta región, a la que llaman Zona X, ha sido investigada por diferentes equipos militares pero ninguno ha regresado. Y ahora se va a enviar un duodécimo grupo formado íntegramente por científicas: una psicóloga, una antropóloga, una geóloga, una física… y una bióloga, Lena, que se une al grupo en el último momento para investigar qué le pasó a su marido y descubrir si puede ayudarlo.

Si hasta ahora las cosas no eran muy normales, esperad a cruzar la cortina jabonosa…
Muchas preguntas, algunas respuestas
Aniquilación es un espectáculo muy visual que se mueve entre una ciencia ficción accesible pero sin facilidades ni hoja de ruta, y un terror que, personalmente, me parece bastante tosco. Es una de esas películas con más preguntas que respuestas protagonizada por un equipo de científicas de discutible preparación (estas chicas debían de ser el equipo suplente —o heredero— de la Prometheus) o con escaso interés en despejar las incógnitas o sobrevivir. Si ignoramos esto último, que solo puede ser útil para valorar la solidez del texto o hacer una comparación de películas del género; nos quedan unas ideas interesantes como la recombinación genética despiadada de la Zona X, eje principal de la película, y algún interrogante medio olvidado como qué pasa con el desfase temporal inicial.

Aniquilación es una película curiosa e imaginativa llena de decorados y secuencias hermosas y terribles a la vez, que de algún modo me recordaron a las extrañas formaciones que Lem describe en Solaris. Es difícil hablar de ellas sin reventar sorpresas, así que voy a poner de ejemplo la planta repleta de flores diferentes, un hermoso monstruo recombinante que ya nos deja claro lo mal que pintan las cosas para las científicas.


Simetríadas, asimetríadas y aniquilacioníadas.

El tema de la recombinación, uno de los motivos principales del guión, no se deja atrás en ningún momento; e incluso cuando parece que no está teniendo una presencia marcada, es difícil no preguntarse si no lo estará haciendo de una forma algo más sutil. ¿Están mutando rápidamente en todo momento? ¿Algo las amenaza desde dentro? ¿Cómo es posible que Kane sobreviviese tanto tiempo en esas condiciones?

Los misterios son interesantes y el peso de la duda está bien gestionado. No siempre parece cuidarse su camino hacia una resolución, pero sí se cuida el efecto que consigue en los espectadores. Según busquéis respuestas o no, puede que Aniquilación despierte en vosotros opiniones muy diferentes. Quizá Garland tenga alguna respuesta más (o la conozca gracias a la novela homónima de Jeff VanderMeer en que se basa su adaptación); pero hay mucho que la película deja en el aire.
El terror
En general Aniquilación es una película entretenida con ideas interesantes a pesar de todos sus peros, como la discutible capacidad del equipo de investigación, la aparente falta de lógica de la nula preparación militar o defensiva que llevan al otro lado, etc. No hace falta que detallemos sus problemas uno por uno; pero hay algo que no le acaba de funcionar nada bien: el terror.


Así muere la república… A tiros, como en España.

Hay películas de ciencia ficción y terror memorables, como por ejemplo El octavo pasajero; pero Aniquilación no es capaz de mantener esa tensión, esa angustia. Hay un terror pero casi porque nos explicitan que lo hay. Solo falta que alguien pida verbalmente que lo sintamos. Los personajes están atemorizados, y no es para menos, pero ese terror tiene, en mi opinión, poco efecto al otro lado de la pantalla. Con el potentísimo efecto de ese mundo recombinante y despiadado, con ese tratamiento del sonido y la capacidad del reparto, los monstruos terroríficos parecen una patochada. No se aprovechan demasiado y no producen apenas ningún efecto.
Gracias por un buen final
En este bloque voy a dar mis impresiones sobre el final de Aniquilación. No he leído la novela así que supongo que puedo haber malinterpretado cosas; pero, de todos modos, considerad que puede haber spoilers considerables. Leed esto bajo vuestra responsabilidad.

Decía Syd Field que los diez primeros minutos de una película son especialmente fundamentales porque son en los que, como espectadores, decidimos si la obra nos gusta o no; pero también debería destacar los diez o quince últimos, porque van a marcar drásticamente la impresión final. En general considero que un final chapucero no hace que una obra hasta entonces buena sea repentinamente mala; pero es innegable que pueden empañar impresiones del mismo modo que pueden darles luz… y el de Aniquilación me resultó muy satisfactorio.

Plantas, complejas estructuras de cristal, bosses del Dark Souls. Aquí hay de todo.

Se trata de un final abierto, poco esclarecedor (lo que probablemente haría que a Field ya no le gustase), pero al mismo tiempo tiene una interpretación bastante optimista. Desde el principio nos han hablado de la recombinación de la Zona X, y las científicas han olvidado casi tres días de sus vidas al cruzar el campo vertical iridiscente; una chistera de la que sacar casi cualquier conejo. Por un lado podemos pensar que los personajes que están allí en el momento final son los verdaderos personajes pero que han sido alterados por la Zona, o que son las reconstrucciones que vimos que existían. O que una persona lo sea y la otra no.

Esta última perspectiva me parece la más sencilla. Que ese Kane sea un clon de la Zona X y que Lena sea la primera Lena (con las modificaciones genéticas que pueda tener en ese momento). No obstante, dentro de la Zona vimos que cuando la bióloga tocaba al ente sin rasgos, le daba los suyos; como si aquel cuerpo los desarrollase por contacto, como si se apropiase de su expresión fenotípica. Quizá ese brillo que se ve en los ojos de Lena no sea más que eso; la expresión final de las modificaciones que la Zona X ha imprimido en los códigos genéticos de Lena y su reacción al contacto con otroKane. Esta fue mi interpretación del momento, aunque en internet se pueden encontrar muchas otras. Hay quien ha escrito hipótesis muy sugerentes, la verdad.
Conclusión
Aniquilación es una película correcta y tiene unas ideas interesantes, pero está afectada por un segundo tercio poblado por un terror que no es capaz de explotar en condiciones. En cualquier caso se trata de una película muy digna. Así sí, Netflix; ojalá nos traigas más películas como esta.

martes, 3 de abril de 2018

El caso Sloane - John Madden


El caso Sloane es un thriller político, dirigido por John Madden (Shakespeare in Love) con guión del primerizo Jonathan Perera, acerca de una propuesta de reforma sobre el control de armas en Estados Unidos


Elizabeth Sloane (Jessica Chastain) es una implacable lobista obsesionada con la victoria, a la que conocemos en un primer plano en el que nos mira mientras nos informa de que en su mundo uno siempre debe ir por delante de sus enemigos y guardarse un as en la manga. Muy sutil todo, Perera, di que sí. El caso es que Sloane es una depredadora política capaz de tumbar reputaciones que parecen inmutables y de conseguir lo imposible. Es la mejor. Encima toma estimulantes para no dormir, para arañar más horas al día y seguir trabajando. Su trabajo es su vida, y sus victorias, su único interés.

Conocemos a Sloane mientras comparece ante el Senador Sperling (John Lithgow) en una audiencia del Congreso que estudia si ha cometido alguna ilegalidad. La narración de la película se remonta a tres meses y una semana antes, cuando rechaza trabajar para el lobby de las armas, quienes quieren conseguir el apoyo de las mujeres ante una propuesta de ley que exigirá pasar más pruebas para adquirir armas. Desde este momento, intercalará la evolución del juicio con otros momentos importantes de esta trama en la que ha elegido apoyar la campaña de la propuesta de ley.


Sloane y su equipo.
Photo by KERRY HAYES

El primer acto de la película es más o menos interesante; pero al segundo le falta fuelle, pospone demasiado algunos giros muy anticipables; y el tercero, al que llega sin fuerzas, se hace eterno. El mayor problema de El caso Sloane es que en todo momento parece creer que sus ideas son sorprendentes; que los giros motivados por el enfrentamiento de esas viperinas astucias resultan impactantes o sobrecogedores; que la inteligencia de los personajes hace, de algún modo, de telón mágico tras el que no vemos nada, tras el que se ocultan las maquinaciones… pero no es así. Los giros y personajes son mecánicos y previsibles. Un buen guión suele presentarte la información que necesitarás para entenderlo, es verdad; pero Perera te lo escupe a la cara de una forma tan evidente que es casi imposible no saber en todo momento qué está pasando, qué van a entender unos y cómo van a reaccionar los otros. La tensión típica del thriller es casi imposible de mantener en esas condiciones, y El caso Sloane acaba prácticamente sustentada en los hombros de Chastain. Qué suerte tienen de tenerla al frente del reparto, porque es lo poco realmente bueno que se puede sacar de esta película. Lo demás, sin ser malo, parece que no acaba de funcionar. Se intuye qué se quería transmitir, pero no se siente. Se adivina el trabajo que hay detrás, pero también, tristemente, todo lo que faltó por pulir.


Otras películas del director:
El exótico hotel Marigold
Shakespeare in Love



miércoles, 28 de marzo de 2018

Altered Carbon (Temporada 1) - Laeta Kalogridis


Altered Carbon llegó a Netflix el 2 de febrero en mitad de una considerable campaña publicitaria: vídeos promocionales, carteles por, al menos, todo Madrid; insistentes autorreproducciones al acceder a la plataforma… Teníamos claro que se trataba de la apuesta fuerte entre sus series de 2018 y la idea prometía.

Hay una ligera inspiración bladerunneriana en Altered Carbon. Sutil, casi imperceptible, pero está ahí.
© Netflix
Me llamo Tak, detective cyberpunk
Altered Carbon se desarrolla en el siglo XXV, en un mundo cyberpunk en el que la experiencia vital ya no acaba con la muerte, o en el que la muerte como tal ha sido superada. Ahora, las consciencias humanas se guardan en pilas que se instalan en fundas corporales personalizables.

En este contexto, el millonario Laurens Bancroft (James Purefoy) acaba de volver a la vida tras su asesinato y quiere que alguien investigue el caso. Para ello hace resucitar a Takeshi Kovacs, último miembro de los Enviados (un grupo militar de fuerzas especiales), en el cuerpo del policía Elias Ryker (Joel Kinnaman).

En ese ambiente oscuro y plagado de extremos, donde los ricos viven en palacios sobre las nubes y los pobres en oscuros callejones bajo las luces de unos coloridos pero tétricos neones, y donde unos sobreviven en las fundas ruinosas que les dan en los hospitales frente y otros en los cuerpos mejorados y los clones; Kovacs investigará el caso seguido muy de cerca por la suspicaz teniente de policía Ortega (Martha Higareda).

Del soso de Kovacs a Edgar Allan Poe
El reparto de Altered Carbon me pareció bastante irregular desde el principio. A veces tirando a sobreactuado, como Dichen Lachman, Matt Frewer o el matrimonio Purefoy, y otras de un inexpresivo insoportable, como Kinnaman.

Higareda.

Hay algunos personajes que resultan más o menos interesantes, unos por dramáticos, otros por divertidos, y sus actores consiguen lucirse algo más. Mis favoritos fueron Edgar Allan Poe y la teniente Ortega.

Admito que Ortega tardó un poco en gustarme. Aunque sus saltos idiomáticos son forzados hasta la exasperación, es la que más ganas le pone. La teniente es seria y fría, pero también pasional; es fuerte y está entrenadísima, pero tiene sus puntos débiles; es independiente y astuta, pero también tiene detalles con los que se obceca y le hacen cargar irreflexivamente; y Martha Higareda es capaz de exprimir todas esas capas. Aun pasándose a veces un poco de frenada, a menudo es es lo mejor que ofrece el reparto.

Conner.
Poe es un personaje simpático que, para bien o para mal, está desesperado por gustar a Kovacs, lo que hace que su exagerado esfuerzo por caer bien esté bien integrado en la trama. Es la IA a cargo del hotel El Cuervo y está interpretado por un Chris Conner que capta toda la simpatía, la dependencia esperable de una consciencia que vivió demasiado tiempo aislada, el deseo de gustar… pero también a ese sabio inhumano (y a su manera sobrehumano) que siempre ofrece un apoyo. Buen personaje y estupenda interpretación.

3, 2, 1. Acción
Pese a que los entresijos de la serie se presten a mil reflexiones profundas e interesantes, pese a que su universo tenga cientos de intrincados caminos por los que perderse y deleitarnos, Altered Carbon es muy mecánica. Tiene unos intereses muy básicos y casi cualquier complejidad que insinúa se basa más en la torpeza de su planteamiento y su desarrollo que en su profundidad.

En general, la serie se pasa de sencilla. Las escasas reflexiones sobre clasismo y machismo son toscas, casi tan directas como las secuencias de acción. No parece que los personajes piensen o que tengan un entramado psicológico real. Altered Carbon se hace la ambiciosa pero es un producto tremendamente básico en su fondo.

¡Es el Águila Roja, cuidado!

En cualquier caso, no parece importarle, porque va a lo que va: Altered Carbon es un producto lleno de escenas de acción, que incluyen tiroteos y peleas a puñetazos o espadazos, persecuciones y asaltos; todo ello repleto de luces de diversos colores, filtros, maquillajes imposibles y efectos digitales. Tiene un aspecto realmente impresionante; pero sus secuencias de acción, como ya me pasó con las de la celebrada Daredevil, me dejaron algo frío. Están bien, claro; pero al mismo tiempo no me puedo quitar de la cabeza que «están bien para ser una serie». El mundo de ficción televisiva ha dado pasos gigantescos y ahora muchas series miran de igual a igual a grandes películas… pero las secuencias de acción, con alguna excepción muy honrosa, como las escenas más apabullantes de Juego de tronos, siguen siendo pálidas sombras de lo que podemos ver en el cine.

El giro de Nora Inu
No siempre, pero a veces podemos indicar con precisión cuándo el desastre empezó a soplar sobre el castillo de naipes que es toda narración. Altered Carbon tenía sus más y sus menos: a veces se pasaba de lenta y siempre era un poco tosca de más… pero entonces llegó Nora Inu, el séptimo episodio.

El interminable y frágil puente como metáfora de todo el episodio. Una genialidad.

Dedicar un capítulo entero a un flashback es una decisión arriesgada, dedicarle tu capítulo más extenso… quizá sea un error. Hacerlo repitiendo un montón de escenas es un desastre. Nora Inu presenta a un personaje que va a tener gran relevancia en los siguientes episodios, pero difícilmente podría hacerlo peor. El capítulo es eterno, monótono y torpe. La cantidad de material repetido hace que el interés se resienta, el hecho de que no avancen nada (y cuando digo nada es nada) la historia que teníamos entre manos durante los seis episodios anteriores genera una insoportable impresión de relleno… pero lo peor de todo es la sensación de que dedicar esos 65 minutos a Raileen no tiene ningún sentido.

Raileen es un personaje que hace constantes equilibrios sobre el más descabellado de los absurdos. Sus diálogos y sus ideas carecen a menudo de sentido, su presentación está hiperdimensionada y casi es mejor olvidar sus relaciones con el resto de personajes. Es un verdadero desastre. Nora Inu es, probablemente, lo peor que vi en lo que va de año, y Raileen, un personaje horroroso, olvidable y totalmente prescindible.

Conclusión
Altered Carbon es una serie con un ambiente llamativo y, a su manera algo simplista, evocador; pero muchas veces parece que sus guionistas hayan hecho todo lo posible para que lo olvidemos, como si la intriga que subyace estuviese sobreviviendo a duras penas a sus pueriles intentos de cargársela. Es una de esas series en las que parece que todo podría y debería molar más, que debería estar más cuidado.

Lo mejor que se puede decir de esta primera temporada es que, con todo presentado, una segunda entrega podría explorar ese fondo interesante que ahora se sobrevoló sin ningún acierto; pero esta primera temporada en sí es bastante chapucera… y totalmente olvidable.