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miércoles, 3 de mayo de 2017

Los miserables - Musical

Concepción y estreno
Los miserables fue adaptado al teatro musical con partituras de Claude-Michel Schönberg y letras en francés de Alain Boublil con ayuda del poeta Jean-Marc Natel. Después de publicarse como álbum conceptual (que podéis disfrutar en Spotify) se estrenó en 1980 en el Palais des Sports de París, donde se representó con bastante éxito (en torno a 500 000 espectadores) hasta que terminó el contrato tres meses después.


Cameron Mackintosh (probablemente el productor de musicales más conocido, responsable de obras como El fantasma de la ópera y Cats de Lloyd Webber, entre otras) produjo la adaptación británica, de Herbert Kretzmer con material añadido de James Fenton. En esta versión eliminaron ciertos números, como La faute á Voltaire, mientras que se extendieron otros, como Look down/Paris, y se añadieron o reutilizaron algunos temas, como la versión de Look down que ahora abre el musical (el original francés empezaba con La Journee est finie, equivalente al At the end of the day). Además, rehuyeron la traducción directa y apostaron por el estilo recitativo que la mayoría conocemos. La adaptación se estrenó el 8 de octubre de 1985. Dos meses después la obra se mudó al Palace Theatre y 19 años más tarde al Queen’s Theatre, donde se sigue representando a día de hoy y donde tuve el placer de disfrutarla.


Les Mis en el Queen's Theatre.


El musical también se exhibió en Broadway, en cuya adaptación eliminaron dos números completos de la británica (Little people y I saw him once) y extendieron otros, además de modificar parte de la escenografía y los efectos; configurando lo que sus autores consideran la versión definitiva de Les Mis. La obra también llegó a España en varias ocasiones; en las que gozó de bastante éxito pero no de demasiada longevidad.


Para que nos hagamos una idea del coste de realizar una obra como esta, cuando llegó por segunda vez a España, en 2010, contó con un presupuesto de 4,5 millones de euros. Esa cifra, en dólares, fue la inversión hecha para su adaptación en Broadway en 1987. Casi nada.

La adaptación teatral

El musical ha sufrido numerosos cambios desde el álbum conceptual que fue su germen.  No hay ninguna representación completa de él, aunque existe una grabación sinfónica que recoge casi todas las piezas del musical excepto las dos anuladas en su llegada a Broadway respecto a la primera versión en Londres y las Suddenly que se compusieron para la película.


Casi todas las adaptaciones introducen cambios respecto al material original, y Los miserables, con su inmensa cantidad de texto, de personajes y de subtramas exigía esos cambios para poder ser llevada al teatro. Por eso, por ejemplo, desaparecen muchas de las digresiones, aunque a veces permanecen las ideas principales de estas en algún verso (como la situación socioeconómica de Francia, que Gavroche resume con un desolador: «This is the land that fought for liberty. Now when we fight, we fight for bread»); se elimina algún personaje (como Azelma Thénardier, cuyas aportaciones se reparten entre Eponine y la señora Thénardier) o se simplifican los hechos (Valjean es un personaje con una luz menos manchada).


Las ideas principales de la novela, en cualquier caso, son respetadas en el musical y los motivos de los personajes siguen definiéndolos. Sobre algunos cambios de enfoque especialmente destacados hablaremos más adelante, en otra entrada; pero en líneas generales se trata de una adaptación acertada, respetuosa y amante del material original.


Aunque la obra se divide en dos actos, el desarrollo principal se parece mucho al de la novela. En un principio asistimos al ascenso de Valjean, de presidiario a alcalde de Montreuil tras el éxito de su fábrica, en la que trabaja Fantine. Tras la muerte de esta, y huyendo de Javert, presenciamos cómo Valjean adopta a Cosette, apartándola de los infames Thénardier. Después descubrimos a los Amigos del ABC, a Marius, Éponine y a Gavroche. Más tarde seguimos el inicio del romance entre Marius y Cosette y la batalla por el futuro social de Francia. Por último, conocemos el resultado de todos esos agentes, poderes y destinos entrelazados.


Photographs of the 2016 cast by Johan Persson. Copyright CML.
Imagen extraída de lesmis.com



El escenario en que se representa la obra tiene una plataforma circular que gira durante gran parte de la obra, de modo que los actores puedan pasear manteniéndose en el sitio; y que, jugando con la iluminación, se puedan disponer y retirar elementos del decorado sin interrumpir la representación. El efecto es impresionante. Hay otros ingenios llamativos, como un decorado gigantesco de dos piezas que es a la vez casa, barricada y puente, según el grado de rotación de sus componentes.


Además, la obra utiliza humo, destellos, ruido de explosiones y disparos, tal como avisan al comprar las entradas. No son muy numerosos, ni el ruido es particularmente atronador ni los destellos demasiado cegadores; pero es un aviso necesario. La barricada explota bastante todos esos elementos para generar el ambiente y la tensión que requiere la escena.


La clara pronunciación de los actores es también impresionante, lo que me permitió disfrutar más los cambios respecto a la versión cinematográfica que conocía cuando fui a verla. Incluso en las escenas que utilizan a todo el reparto, que es muy numeroso, como el Look Down/Paris, el At the End of the Day o la Do You Hear the People Sing final consiguen un sonido muy nítido. La claridad vocal de los actores de cine, que era mi referente, palideció mucho en comparación.

La adaptación cinematográfica

La intención de realizar una adaptación cinematográfica surgió a finales de los 80. El director iba a ser Alan Parker (ay, lo que podría haber sido eso…); pero tras sucesivos aplazamientos y problemas, cambios de dirección y demás; hasta 2011 no comenzaron las negociaciones con Tom Hooper, quien finalmente llevó a cabo el proyecto.


La película de Hooper obtuvo buenas críticas y numerosas nominaciones, incluyendo una a mejor película y el premio a la mejor actriz de reparto de Anne Hathaway (que interpretaba a Fantine) en los Oscar. Se trata de una de las representaciones con más contenido de cuantas se han grabado, solo superada por la representación sinfónica completa. Además, para la película compusieron el tema Suddenly, que se interpreta dos veces, y que fue nominado a mejor canción.


Esta adaptación dura 160 minutos que resultan algo desequilibrados. Hay bloques que funcionan a la perfección y otros que se notan demasiado estirados. Una obra tan extensa y ecléctica como Los miserables (con la redención de Valjean, el amor de Marius y Cosette, la revuelta insurgente, la incansable persecución de Javert, las villanías de los Thénardier…) maneja demasiados elementos y es fácil que alguno sature. Esta adaptación me pierde tras la lucha en las barricadas, cuando ya casi todo gira en torno a Marius y Cosette, que es una trama que no me enamora en la novela, no me parece de las mejores en el teatro y me parece bastante aburrida en la película. Sigue habiendo alguna pequeña joya, pero ya no me parece que la película llene tanto las escenas. Laura, en cambio, cuando habló de esta película en su estreno en España, se quejaba de la escena de las barricadas en sí, porque le parecía muy extensa; cuando quizá sea de mis momentos favoritos.


It is time for us all to decide who we are.
© Universal Pictures



La banda sonora, en la que nos centraremos en la próxima entrada, es realmente excelente. Las piezas se reutilizan casi con el mismo mimo con que Hugo manchaba la luz de Valjean, dando pequeñas pinceladas a los personajes en base a repeticiones que reflejan símiles anímicos o conceptuales.


El reparto es intachable en la parte no musical, que podríamos decir que es escasa si nos ceñimos al metraje no cantado; pero me refiero a la gesticulación y la actitud (partes no cantadas incluso durante las canciones) y, por supuesto, a las escenas dialogadas. En cuanto a la capacidad vocal hay un poco de todo: hay actores que se notan profesionales del teatro musical, como Samantha Barks (Éponine); algunos que resultan sorprendentes por la potencia y profundidad de su voz, como Eddie Redmayne; y otros que logran transmitir a la perfección a sus personajes, como Anne Hathaway, Aaron Tveit o Sacha Baron Cohen, aunque los tres tengan distintos tipos de exigencia. ¿Hay alguien que permanezca impasible ante el I dreamed a dream de la Fantine de Hathaway, que no vibre con el Red/Black del Enjolras de Tveit o que no sonría con el Thénardier de Baron Cohen? Luego hay otros actores un poco más limitados: Hugh Jackman, que tiene algunos temas muy convincentes y otros un poco grises, suena bastante metido en el papel, aunque no consigue siempre la profundidad necesaria en la voz y tiene las canciones un poco agravadas respecto a la obra de teatro; y Russell Crowe resulta bastante plano vocalmente en su Javert, aunque tiene algún destello ocasional en el que saca fuerza desgarrando la voz. No sé si en este último caso falló el director o el actor; pero ese Javert no consigue la fuerza que necesita pese a que en determinados momentos es evidente que podría hacerlo.


Fantine y Valjean.
© Universal Pictures



El hecho de que el desempeño de Hooper sea tan poco brillante en esta película me hace desconfiar particularmente de él. La dirección de Los miserables es bastante aburrida y abusa en todo momento de sus primeros planos, a pesar de que en muchos de sus mejores momentos la cámara esté situada lejos de los actores. La escena de los condenados a galeras, con esa cámara que se acerca a ellos para permitirnos ver primero el barco y lo minúsculos e insignificantes que son los condenados; ese Valjean gritando al final de Valjean’s Soliloquy?, en el que la cámara se aleja y se eleva, mostrando el paisaje y poniendo al personaje en perspectiva, como si fuese visto desde los cielos (tengamos en cuenta que el obispo acaba de comprar su alma para Dios); o ese tenso paseo entre la turba enfadada con que empieza Do you hear the people sing son ejemplos de la fuerza que consigue Hooper cuando se digna a alejar la cámara del rostro de sus actores. No obstante, a pesar de la fuerza de esos momentos ocasionales, prefiere centrarse en incluso en los menores gestos de su reparto; supongo que con un propósito emotivo, pero se esfuerza tanto que llega a resultar desesperante. En la escena en la que Fantine pide ayuda para su hija y dice que «es así» de pequeña, ni siquiera podemos saber cómo de pequeña es, porque la cámara está tan cerca de su cara, que aunque podemos percibir que ha movido el brazo para mostrar una altura con la mano, esta y gran parte de la extremidad se encuentran fuera del encuadre. Este detalle, quizá leve en sí mismo, es una muestra de esos primeros planos torpes y abusivos de Hooper, que empañan el producto y merman su potencial.


Ejemplo de plano algo más alejado en la escena de los condenados a galeras.
© Universal Pictures



La iluminación y la gama de colores elegidas, en cambio, sienta estupendamente a Los miserables. Todo se ve viejo y sucio, todo se siente triste y roto; pero al mismo tiempo se adivina muy vivo y apasionado. Los miserables es ese fuego en una casa abandonada y ruinosa, y la película es capaz de mostrar ese punto entre la miseria derrotada y la pasión casi de cuento que motiva a los personajes.


Quiero hacer, por último, una mención especial al trabajo de vestuario y maquillaje, que es magnífico. Debido a la cantidad de personajes y su variedad de clases sociales y estilos, la labor de vestuario es amplísima y siempre consigue ser impecable. Los preciosos y coloridos vestidos de la Cosette mimada por Valjean, las austeras pero buenas chaquetas de este, las ropas avejentadas de Marius, el aspecto colorido y destacable de Enjolras, los harapos de Gavroche o las ropas remendadas, viejas y cascadas de los señores Thénardier son un trabajo enorme, muy variado y siempre impecable. Y lo mismo podríamos decir del maquillaje, basto en los Thénardier, sucio en Gavroche, recatado y pulcro en Cosette y jugando a lo imperceptible en muchos de los hombres, aunque definiendo, por ejemplo, el aspecto casi inhumano de Enjolras en una piel uniforme y perfecta.


Thénardiers.
© Universal Pictures


Creo que la película, aunque funciona bien y ofrece un espectáculo emotivo, flaquea respecto a la obra de teatro, ya no tanto por el menor talento vocal de algunos intérpretes como por la incapacidad de Hooper de explotar las ventajas que el medio cinematográfico le ofrece. No obstante, pese a los problemas que encuentro en la película, que me frustran siempre que la veo; no evitan que vuelva a verla una y otra vez, arrastrado siempre a disfrutar de la redención de Valjean, el noble obispo, la emotiva Fantine, el rígido Javert, la pobre Éponine, la imponente escena de la barricada y el adorable y el pequeño Gavroche. Podría ser mejor, sí; pero sigue habiendo magia.

Otras entradas de esta serie de publicaciones:
1. Los miserables - Victor Hugo
3. Los miserables, reutilización de la música
4. Los miserables, diferencias argumentales entre novela y musical